¿QUÉ PASÓ AYER EN GRANOLLERS?

¿Qué pasó ayer en Granollers? Fácil: el triunfo de la irracionalidad, del odio, del fanatismo, y el retorno del acoso que desde hace 3 años se convirtió en estrategia de un grupúsculo de izquierda en contra de aquellos que no piensan como ellos.
¿Qué libertad de expresión invocan ante la actuación de la policía cuando ellos mismos son los tristes protagonistas de esa falta de libertad, al impedir que aquellos que no piensan como ellos expresen en libertad sus ideas?
Todo esta claro, es parte de una maniobra orquestada, es más, es producto del rancio odio anti PP que desde posturas no tan radicales se potencia en todo el territorio nacional. La gente del PP tiene que respetar a los radicales, pero ¿éstos acaso no tienen que respetar a aquellos que no piensan como ellos?, ¡absurdo verdad!
No me duelen prendas en decir que la gente del Partido Popular no somos demonios, ni nada por el estilo, somos personas normales y corrientes, con sus ideas centradas en la libertad del individuo, en el reformismo que conlleva el no ser conformistas, y sobre todo en el respeto a los demás y a sus opiniones, frente a las que oponemos argumentos, frente a las que invocamos la ley y la legalidad, pero desde luego ni el fanatismo, ni el odio, ni mucho menos el intento de coartar la libertad de los demás arrojándoles huevos, piedras o simplemente chillándoles. ¿Será cuestión de educación?
Faltan pocos días para el referéndum en Cataluña, y el nerviosismo en los que están tan seguros del triunfo del “si” es más que palpable, primero con una campaña en la que se utiliza por primera vez la siglas de una formación rival como argumento electoral, y con unos movimientos orquestados en contra de la libertad de expresión y de movimiento de los militantes, dirigentes o no, del Partido Popular. Si lo que intentan es amedrentar a la sociedad catalana, estoy convencido de que no lo van a conseguir, como convencidos debemos de estar todos de que el próximo 18 J mayoritariamente las catalanas y catalanes dirán NO a un Estatuto perjudicial para Cataluña, contrario a las norma de convivencia que representan la Constitución y el resto del ordenamiento jurídico y perjudicial para el resto de España, con una quiebra fundamental de la solidaridad interterritorial.

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