GENEROSIDAD FRENTE A LA CORRUPCIÓN, O ¿ FUTURO POPULISMO?

corrupcionoNadie puede negar que se estén haciendo cosas para luchar contra la corrupción, la reforma del Código Penal es un buen ejemplo de ello (la incautación por ejemplo de lo defraudado); pero los ánimos están tan caldeados, la ciudadanía tan harta de que unos pocos sinvergüenzas campen a sus anchas por las inmundicias del País, llevándoselo calentito a sus cuentas secretas o sus oscuros zulos dinerarios, que anda la cosa levantisca. ¿Con razón? Pues si porque es asqueroso que se hayan instalado tantos mangantes de cuello blanco en nuestra sociedad y que campen a sus anchas ejerciendo su latrocinio mientras el español medio lo pasa francamente mal. Este terreno evidencia el surgimiento de populismos que llamando a las puertas de las emociones se presentan a la sociedad como el Don Limpio cuyo algodón no engaña, ¿o quizá si lo haga?

          Lo cierto es que en un momento en que se conjugan sentimientos tan variopintos, en los que la estabilidad económica -tan necesaria para salir de la crisis económica en la que estamos sumidos- se muestra trascendente para nuestro futuro, es necesaria una vacuna eficaz para evitar la aparición, coexistencia, actuación y/o proliferación de la “raza corrupta”. El Código Penal –absolutamente necesario- es el arma eficaz cuando aparece la enfermedad, y junto a ella deben ponerse más medios materiales y humanos a la Administración de Justicia para luchar de forma más eficaz y rápidamente contra los casos existentes, pero deben adoptarse medidas para evitar su reproducción en un futuro, como esa vacuna que casi ha erradicado la varicela o la viruela de nuestras sociedades, pero de la que nos ponen un recordatorio en algún momento de nuestra vida.

          Esa vacuna, bajo mi punto de vista, pasa sobre la revitalización de la democracia en la propia sociedad, y endógenamente en el interior de las organizaciones políticas del País: primarias abiertas y reales en los Partidos; listas abiertas (donde el ciudadano vote a quienes realmente deseé, y no a quienes le impongan en una lista bloqueada); limitación de mandatos por Ley (alargar en el tiempo la permanencia en determinados cargos, aumenta el riesgo de surgimiento de redes clientelares, y con ellas la posibilidad de corrupción); una mayor fiscalización por parte de los técnicos de las administraciones y una menor discrecionalidad política; una reducción de las administraciones con una racionalización de las mismas; y sin ser esta relación de numerus clausus ni mucho menos, toda vez que seguro hay muchas más, pondría como ejemplo la más complicada: “sacrificio personal” de aquellos que de manera directa o indirecta consienten, han consentido (o mirado para otro lado) ante casos de corrupción; y unido al sacrificio la “generosidad” de hacerse a un lado para evitar lastrar con sus actitudes (que pueden no ser ilegales, pero dudosamente morales) a toda una organización, con el dicho de que las personas pasan y las organizaciones (si se cuidan) pueden permanecer, y si no, atémonos los machos para el populismo que nos viene. Al final es tema también de personas y éstas deben saber cuándo irse, hacerse a un lado por su bien, pero sobre todo por el de toda la sociedad, o acaso ¿no están en los partidos para servir a ésta?

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