ECHEMOS A LOS FACINEROSOS DE LA POLÍTICA

corrupcionoCabreados, indignados, hastiados, hasta las narices, etc… Así nos encontramos gran parte de la ciudadanía ante las noticias que inundan los medios de comunicación y que trasladan lo que no demuestra más que la sinvergüencería de algunos, no todos, hace que al final se meta a todos en el mismo saco. No vale por cierto hacer referencia a otras circunstancias de otras profesiones o actuaciones para hablar de hipocresía de la sociedad, porque es injusto. Hay corruptelas en muchos ámbitos y profesiones, porque va unida a las personas, pero es inadmisible el “do ut des” aplicado a la política, es decir “te adjudico esta obra, concesión, etc si me das tanto”… Es lo más repugnante porque ataca a la confianza democrática por ello es necesario perseguir al corrupto y al corrompedor sea quien sea y en el ámbito que sea.

Resulta evidente que algo hemos de hacer para arrinconar a quienes ponen en jaque el sistema democrático y político con sus actitudes, aquellos que se han olvidado que la política es fundamentalmente “servicio a los demás” y la han intentado convertir en una sociedad anónima en la que convertidos en grandes accionistas se benefician de la pólvora del rey, del dinero público (que es de todos pues parte de nuestros impuestos) para transferirlos oscuramente a paraísos fiscales o engrosar colchones de opulencia y convertir a políticos en facinerosos.

 Está en manos de todos decir NO, denunciar, arrinconar y exigir. Es la hora de un gran pacto (como en su día se hizo con el transfuguismo) para identificar, arrinconar, denunciar y expulsar a estos “ASQUEROSOS PRESUNTOS DELINCUENTES” de la vida pública, expulsarlos de la política y que nunca más la puedan ejercer. Ahora que se plantea la reforma del Código Penal y de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, tenemos una oportunidad enorme de actualizar la legislación para perseguir estas conductas y adaptar, como dijo el otro día el Presidente del CGPJ, de una legislación pensada a roba gallinas a las nuevas actividades delictivas. Nullum crimen sine praevia lege, adaptemos la normativa para poder perseguir más eficazmente conductas tan deplorables que no dependen de siglas (aunque se utilicen éstas) y si de personas sin escrúpulos. También es preciso dotar a la Justicia de medios humanos y materiales para que no se eternicen las instrucciones y cuando lleguen las resoluciones judiciales, los responsables estén alejados de la vida pública. Una justicia lenta no es justicia, como decía el jurista italiano Calamandrei para que existe justicia “hay que hacer las cosas rápido, y hacerlas bien”. Nuevas medidas cautelares, la devolución íntegra de lo indebidamente cobrado o apropiado, la dimisión o cese legal en el caso de apertura de juicio oral (aunque personalmente sería partidario de que aparezca la figura de la preimputación y un posterior auto de imputación, que fuese el momento ad hoc para esos ceses fulminantes).

De todas formas, además de las medidas represoras, a través de la legislación penal, creo firmemente necesarias medidas preventivas y de higiene democrática, en cuya construcción debemos participar los propios partidos y pactar como decía antes. Pero de verdad que es desesperanzador que con la que cae, con la repugnancia que en la sociedad nos produce, los dos principales partidos del arco parlamentario: el mío el PP, y el PSOE de Pedro Sánchez se hayan levantado de una mesa de negociación sobre medidas concretas, para arrojarse mutuamente la pescadilla a la cabeza, obviando que el problema es de todos, y que hacer partidismo de ello no conduce a nada, y que se deben aportar soluciones. Es en momentos de máxima dificultad es cuando los partidos debemos de estar a la altura, en caso contrario la sociedad lo demandará. Estas medidas han de ir indudablemente unidas a una mayor trasparencia, a una profundización en la democracia de las organizaciones, y probablemente en el cambio del sistema electoral, tendiendo más hacía a aquellos sistemas en los que el político se debe a una determinada circunscripción (como sucede en el Reino Unido) responsabilizando así al político de sus actuaciones respecto de sus electores directos. Medidas de mayor control por parte de los órganos fiscalizadores de la administración también pueden colaborar en hacer huir a los facinerosos del rápido enriquecimiento.

Pero también se debe hacer una labor educativa en valores, y respeto a la Legislación y lo público, con un mayor conocimiento del sistema democrático, porque entiendo que cuanto más se conozca el sistema, más valor se le dará y mayor respeto se le tendrá. Podríamos establecer muchas más medidas, pero no debe ser labor individual sino de reflexión colectiva. Unámonos sin el “y tú más”, pongamos en la mesa soluciones pero sobre todo mucho valor y ganas. Yo lo digo fuerte BASTA YA!

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