EMPREGALIA VIGO, ¿ÉXITO O FRACASO?

Los medios de comunicación se han hecho eco estos dos últimos días de una feria de empleo organizada en la ciudad de Vigo en la que se anunciaba el compromiso de contratación de al menos 30 ó 40 personas. La gravedad de la situación que vivimos en materia de empleo en este país se significa en que para esos posibles puestos de trabajo se han presentado más de 15.000 currículos.

¿Éxito de una feria? Por los números parece que sí, pero personalmente creo que nos encontramos ante el gran fracaso de la sociedad, una sociedad donde cada día que pasa nos encontramos con personas más y más preparadas, con un tejido productivo menor, con empresas con mayores dificultades (ERES, Concursos de Acreedores, Deudas, etc) y con un panorama en lo político, en lo social y en lo económico nada halagüeño. Pero no podemos frenarnos, debemos avanzar y debemos tener claro de dónde venimos, a donde vamos y que más de 5 millones de parados son un acicate para la sociedad, pero una obligación para la política. La administración, los que adoptan las decisiones políticas en los gobiernos, sean el Estatal, uno autonómico o incluso cualquier local, tienen la obligación moral y la responsabilidad de tener como objetivo único que ese impresionante e indeseable número de ciudadanos que carecen de trabajo dejen de figurar en esa triste estadística. Junto a ellos la sociedad tenemos la obligación social y también moral de colaborar en que se genere ese caldo de cultivo necesario para lograr la mejor política social que cabe: que la gente no necesite de la ayuda de las administraciones, ni de la caridad de instituciones porque todos los meses son quienes de llevar un sueldo al menos a sus casas.

En Vigo como he dicho en numerosas ocasiones hemos pasado desde el 2007 hasta la actualidad de 17.000 desempleados a más de 35.000 en consonancia con lo que sucede en todo el país, pero especialmente doloroso por la cercanía del problema máxime en una ciudad eminentemente industrial, en el que vemos como empresas emblemáticas empiezan a pasar también por serias dificultades. Yo soy optimista, estoy convencido de que de esta saldremos, pero que unidos lo haremos antes y mejor.

Empregalia, para mí como decía al principio, ha sido un éxito para sus organizadores que buscarían –supongo- que el evento congregase al mayor número de personas con la finalidad de inquirir que las empresas se sensibilicen con la situación y oferten mayor número de contrataciones; pero desde el punto de vista político-social, máxime tras las imágenes de diarios y televisiones, es la constatación de un fracaso, un fracaso en el que para 30 ó 40 empleos la gente se moviliza casi desde cualquier lugar de la península. Creo que esas imágenes deberían ser las últimas que por las noches viese cualquier político y las primeras que pusiese por la mañana, porque estoy convencido que serían las vitaminas que necesitan para trabajar más y mejor por el futuro de todos, porque de esta manera tendrían siempre en mente la realidad de la calle, y no la realidad que muchas veces los aduladores y asesores quieren hacerles ver.

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