EN ESTE DÍA GRANDE, TAN GRANDE…

semanasantaEn este día grande, tan grande del… Así empieza la liturgia de la palabra de estos días tan centrales de la vida cristiana. Aún lo recuerdo como si fuera hoy cuando subía a leer esas breves palabras que significaban tanto, y que tanto significan. Pero he de haceros una confesión no soy un buen cristiano, ni siquiera regular, lo soy bastante malo, pero estas fechas despiertan un instinto que nuestra cultura, nuestra tradición, nuestras vivencias nos han colocado en el ADN. La rebeldía de un solo hombre que consiguió transformarlo todo, claro que jugaba con ventaja pues no era un hombre cualquiera, ni su vida fue la de cualquiera aunque podemos encontrar semejanzas con las nuestras, creamos o no. La rebeldía al cambio debe iluminar nuestra vida, el conformismo no debe inspirarnos y si reformar, cambiar las cosas.

          Aquel Jueves Santo (que brilla más que el sol), en que se reúne con sus amigos en teoría con sus fieles, con aquellos a los que eligió, se produce algo que cualquier día se nos ha producido a nosotros: la traición. ¿Seré yo? Esa pregunta debió martillear la conciencia de cada uno de aquellos comensales, cuando lo cierto es que solo uno, Judas Iscariote, se convertiría, o lo había hecho ya, en el ejecutor de la traición, pero la inseguridad, el querer saber, la duda lanzó a aquellos que no a preguntarse sí si. El tiempo pone todo en su sitio y solo tuvieron que pasar unas horas para que en el Gólgota lo que solo 2 conocían se hiciese público, y en un gesto que ahora utilizamos para mostrar cariño (el beso) se produjese la entrega del “amigo”. ¿Cuántos que creemos amigos te dan la puñalada? Partimos de una premisa equivocada, no lo son solo intentan hacérnoslo creer. Después llegaron las dudas, hasta aquel que fue elegido para continuar el trabajo negó, negó y negó y luego un gallo cantó. Así nos sucede igualmente hoy sustituyamos el gallo por un móvil y la historia se repite.

          Después vino un Viernes de reflexión, injusticia, dolor, entrega y esperanza, esa entrega tan sufrida con aquel “aparta de mi ese Cáliz” para después “hágase Tu voluntad y no la mía” para acabar terrenalmente, como sabemos, con una muerte de cruz. Así también nosotros cada día tenemos esa reflexión sobre la carga de nuestros problemas, la injusticia de nuestras miserias, el dolor de nuestras caídas, la entrega de nuestra férrea voluntad de levantarse y seguir. Y por último la esperanza de que en algún momento cambie todo para bien, es el clavo al que nos agarramos, ese clavo que nos hace seguir y que seguro hará cada día de nuestra vida se transforme en “ese día grande, tan grande…” de nuestra existencia, por pequeños que sean los logros, en el gran Domingo de nuestra vida.

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