ETA, LA CARA DE ZAPATERO Y EL TRATO A LAS VICTIMAS.

Menuda cara se le debió de quedar al Sr. Rodríguez Zapatero el pasado sábado al conocer el comunicado de la banda asesina ETA, máxime después de sus misteriosas palabras, de sus misteriosos comentarios sobre el principio del fin o el fin del principio. Pero la maquinaria socialista “erre que erre”, y en lugar de reconocer que lo único que cabe contra el terrorismo es la lucha policial y judicial, se dedican a atacar al PP y a Mariano Rajoy por el simple hecho de recordarle al Sr. Rodríguez Zapatero, lo que era una obviedad tras las últimas acciones de la banda con extorsiones, amenazas y bombas: que ETA sigue ahí, que no busca la paz si no la rendición del Estado a sus dictados, la autodeterminación o independencia, y que el camino emprendido por el presidente del gobierno con sus manifestaciones no conduce más que a debilitar el Estado de Derecho y sobre todo a ofender a las víctimas. ¡Espabile D. Jose Luis espabile.!

El mismo Sr. Rodríguez recibe a las asociaciones de víctimas y se dedica a recordar a la madre de Irene Villa los tiempos de la guerra civil, a su pobre abuelo muerto. Que si, que no es broma, que es una pena que su abuelo muriera en la guerra, como lo fue que muriesen mi tatarabuela o alguno de mis tíos-abuelos, pero es que el presidente no se entera de nada, España no está en “guerra”. ¿No querrá el Sr. Rodríguez Zapatero conceder el estatus de presos de guerra a los etarras? ¿No querrá el Sr. presidente significar que nos encontramos, como emplean en su lenguaje los terroristas vascos, en un enfrentamiento bélico? No, no se engañe Sr. presidente, ETA es una organización criminal y asesina, no es ningún ejercito, ni España está en guerra contra ETA, ni na de na Sr. Rodríguez.
Lo menos que se puede pedir al presidente del gobierno de España es el respeto a aquellos que sufrieron tanto por la acción criminal de los terroristas, el respeto a todas las víctimas que entregaron su vida, su salud, la vida y/o salud de sus seres más queridos, y ese dolor, aunque sólo sea por respeto, no puede tener comparación con ningún otro, porque para cada una de las víctimas su dolor es particular y exclusivo.

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