EXCEPCIONALIDAD O PROVINCIA:NO NOS QUEDA OTRA. (Artículo Atlántico Diario 26 de junio 2014)

10418439_10203594641283288_4953616489751188213_nVigo está en una grave encrucijada: avanzar en este S.XXI o retroceder al XIX. Debemos luchar para conseguir lo primero. Pero, ¿por qué? Porque desde hace ya mucho tiempo la espada de la desaparición del Partido Judicial se cierne sobre nuestra ciudad, lo que unido a otras amenazas nos impiden despegar, lo que nos lleva a un retroceso irrecuperable.

Ser cabecera judicial con un Tribunal de Instancia y por tanto tener capacidad de decisión, junto con el resto de administraciones competentes, en nuestros servicios en materia de Justicia a los ciudadanos de Vigo está en jaque, porque la otra opción sería ser una “sede desplazada”, un sucedáneo, siempre en dependencia de las decisiones del Tribunal de Instancia cabecera, que sería quien de decidir, o al menos influir en la decisión de que sedes desplazadas o salas se establecerían en Vigo y todos conocemos los problemas pasados (contencioso, mercantil, Audiencia…).

Vigo no puede quedarse quieta ante esta amenaza. No creo que sea necesario insistir en datos objetivos poblacionales, ingresos de asuntos; las características de la ciudad son sobradamente conocidas y han sido sobradamente analizadas. Vigo tiene esas especificidades que la hacen única en España, y dicha excepcionalidad debe reconocerse por la Administración del Estado, como lo ha sido por la Administración Autonómica con la quinta delegación de la Xunta de Galicia, elevando a categoría jurídica lo que es una realidad social.

No deseo una lucha provincial, porque soy de los que piensan que la división provincial del País se encuentra ampliamente superado por la realidad, que las Comunidades Autónomas son el marco en el que movernos y que las Áreas Urbanas son el presente y futuro en torno a la autonomía local.

Pontevedra no es el enemigo, pero resulta evidente que el sistema provincial nos encorseta e incluso impide crecer, como vemos en el ámbito judicial. La solución más rápida, posible y equilibrada sería reconocer la excepcionalidad y concedernos el Tribunal de Instancia conforme a las nuevas previsiones en la nueva LOPJ. Esa excepcionalidad debería adoptar una división idéntica a los Juzgados de lo Social actuales, es decir, la partición de facto de la provincia de Pontevedra en dos: Pontevedra al norte, y Vigo al sur con los partidos actuales de Vigo, Cangas, Tui, Ponteareas, Porriño y Redondela. Esta es la realidad pacífica desde hace muchos años, y hay dos formas de concretarla: la primera ya la apunté mediante el reconocimiento de la “excepcionalidad”: rápida, aséptica y no confronta con nadie.

Pero en caso de no ser así, ¿hay otros caminos? Habría una segunda manera, más complicada, pero en su caso una opción: modificar conforme prevé el Real Decreto Legislativo 781/1986, de 18 de abril, por el que se aprueba el Texto Refundido de las disposiciones legales vigentes en materia de Régimen Local en su artículo 25 (1. El Territorio de la Nación española se divide en cincuenta provincias con los límites, denominación y capitales que tienen actualmente. 2. Sólo mediante Ley aprobada por las Cortes Generales puede modificarse la denominación y capitalidad de las provincias. Cualquier alteración de sus límites requerirá Ley Orgánica.) Así respecto a esta fórmula, otras dos opciones: cambiar la denominación y capitalidad, para lo que se aprobaría una Ley ordinaria por las Cortes, o crear una nueva provincia para lo que se requeriría una Ley Orgánica.

De una manera u otra lo que está claro es que Vigo no puede perder el tren, no puede renunciar a lo que apuntaba: el reconocimiento legal de lo que es la realidad existente, y que la Xunta reconoció al dividir la Comunidad en cinco Delegaciones y concretar una de ellas para nuestra ciudad (pese a la férrea oposición capitalina).

Llegado a este punto solo existe una pregunta ¿hay voluntad política de que Vigo aparezca como merece en el mapa? ¿Nos uniremos los vigueses de una vez para reclamar nuestra singularidad? ¿Se hará el pacto que esta ciudad necesita en defensa de su idiosincrasia y particularidad? ¿Se unirán la ciudad y sus políticos, solo en lo pequeño o, también en lo realmente trascendente? Lo tengo claro o lo hacemos o lo lamentaremos, no quiero esperar sentado esperando el retroceso en el tiempo a un siglo que no nos es propio.

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