GRAN “MERCHANDISING” DE COLOR AMARILLO

vallaamarilla1Ayer me preguntaba un ciudadano ¿qué pasaba en la calle Urzaiz entre la Plaza de Fernando el Católico y el cruce de Vía del Norte que llevaba varios meses vallado y no se finalizaban las obras? Manuel, comerciante de la calle Brasil, preocupado por la influencia que tienen las calles levantadas en el comercio me planteaba si con Urzaiz pasaría igual que en su calle abierta en canal durante muchísimos meses para terminar solamente 100 metros. Me decía, con evidente tono jocoso si la tardanza ¿se debería al hallazgo de restos arqueológicos en la zona, o quizá a querer emular en las obras viguesas al mismísimo Felipe II en su actuación (“keynesiana”) en El Escorial? Me añadió, no sin ironía, si se le habría acabado el “hormigón” al señor Caballero.

          Lo cierto es que cualquiera en Vigo que abra un periódico, oiga la radio o vea una televisión, y no hace siquiera falta, solo con caminar por nuestras calles nos habremos dado cuenta de la presencia de zanjas, y asfalto y losetas levantadas que invaden aceras, calzadas y por ende nuestras vidas.

          Se habla de 82 calles abiertas en canal y no es casual, ni baladí que lo estén a estas alturas, cuando quedan solo 100 días para las elecciones, y es que Caballero ha decidido presentarse a la campaña de las elecciones del 24 de mayo no con bolis, ni mecheros, ni siquiera con los socorridos caramelos, quiere usar las obras como elemento de “merchandising” abonado por todos los vigueses, en forma de vallas amarillas, en una operación de reparto en estética, un cambio de losetas que el alcalde calculadamente hace que entren en campaña (supongo que nadie llamará a la sede socialista, o a Plaza del Rey pidiendo se nos han acabado las vallas, mándanos más –¿o si?).

          Nunca he ocultado mi opinión sobre estas operaciones estéticas en un momento de profunda crisis en el que la ciudad tiene otras prioridades, nunca he ocultado que hemos dispuesto de 82 millones de euros del llamado Plan E (según dice el PSOE, aunque fue menos) para enterrarlas en losas de granito y poco más, vamos una oportunidad perdida. Pero al margen de que creo que haber invertido en elementos productivos que generasen empleo (el paro en la ciudad de Vigo duplica al encontrado por Caballero cuando llegó en 2007, con lo que parece que esas política keynesianas no han sido efectivas).

          En fin que nos quedan meses de incomodidades, de una operación no escalonada que hubiese sido lo deseable, porque elecciones municipales solo hay un día cada 4 años, y lo malo es que aguantaremos las incomodidades muchos meses más, porque como se ha demostrado con el caso de Urzaiz o el de Brasil, o el mercado del Progreso, al final las obras de Caballero se eternizan como El Escorial de Felipe II, este último conocido como “El Prudente”, prudencia de la que adolece el regidor. Por cierto debemos trabajar para que estos cambios estéticos no los inaugure D. Abel, para lo que habrá que lograr el voto de los ciudadanos, y para que en el futuro la acción política no se base en exclusiva en el granito y el “hormigón”.

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