INDIGNADO: Y SIGO, SIGO, SIGO. ¡AUN MAS CABREADO.

¿Quién maneja los tiempos en este país? Un presidente al servicio de su partido, no al servicio de la nación. ¿Es posible? Si, desde luego que si, a los hechos tenemos que remitirnos. Zapatero no está pensando en España, ni siquiera es él el que piensa, es el candidato (ex-vice) el que dirige el cotarro y mientras España sufre las consecuencias.
La verdad es que me gustan los símiles deportivos, en este caso podría ser de cualquier deporte, imaginemos el fútbol, el baloncesto, o la F-1, tanto da. Alguien imagina que el entrenador (o manager) de un club diga que a partir de dentro de 2 meses, o 3, va a dejar de serlo, pero que bueno, en 15, 20 días voy a anunciar nuevos fichajes, nuevas normas en el club. ¿Qué puede suponer esta forma de actuar? La hipoteca del club, la falsedad del comportamiento de un “entrenador” acabado, finiquitado y fuera de la onda que necesita un país. Pues trasladado a Zapatero estamos ante un entrenador, que quiere tomar “medidas” que en teoría le exigen otros y que pueden tener grave trascendencia para el equipo cuando ha anunciado que deja el banquillo el 20-N, y encima no le basta con anunciar un día para hacer esos “fichajes”, sino que encima dice que tendrá un segundo día para más medidas. ¿Es responsable? NO, ¿qué le guía? Su nuevo candidato a entrenador; ¿le preocupa ganar el partido? El de la salida de la crisis NO, sólo el electoral. España no merece un improvisador electoral, sino elecciones ya, no podemos tener un entrenador dimitido fichando y poniendo aún más en riesgo la situación financiera del equipo. España necesita elegir el nuevo entrenador y que las medidas, fichajes, bajas que haga lo realice respaldado por los socios del País, en este caso los electores. Una vez más diré que sigo indignado, muy indignado, es más cabreado y que pido, como hacen muchas voces, que el entrenador Zapatero se aparte para evitar la segunda división y que el revulsivo de un nuevo entrenador y equipo técnico, y nuevas tácticas sirvan para mejorar el presente pensando en el futuro.

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