QUE NO PAGUEN JUSTOS POR PECADORES

No todos los políticos son iguales, no es bueno generalizar, pero el refranero español es sabio: “pagar justos por pecadores”. Hoy en día que la política está ciertamente desprestigiada, en que los ciudadanos, a través de la encuesta del CIS, vemos en la política el tercer problema de este país, tras la economía y el paro, nos debe hacer reflexionar. Pero como decía antes, no es bueno generalizar, ni por tanto se debe hacer pagar a esos políticos justos, por los pecadores que hay. Lo que si es necesario que la justicia actúe contra aquellos que “pecan” políticamente, con todas las consecuencias. Lo que no debemos hacer es la generalización, porque es malo para lo mas importante nuestra democracia. La existencia de políticos corruptos, es malísimo, como lo es la de abogados, arquitectos, empresarios o duques. Pero la democracia tiene la gran ventaja de disponer de un sistema de división de poderes, de un poder judicial constitucionalmente consagrado, que ampara la persecución de los delitos recogidos en nuestro Código Penal, con las garantías constitucionalmente recogidas en el artículo 24 de la Carta Magna y demás preceptos legales.
La política es necesaria para preservar nuestra democracia, lo es el sistema de partidos para, pese a las confrontaciones que existen entre los mismos, el que nos volvamos a los años anteriores al 1975, tan indeseables y a la vez en el recuerdo. Donde no hay política, ni partidos, tenemos sistemas dictatoriales, ductoriales o nada participativos. No tiremos piedras contra el sistema porque podemos acabar debilitándolo, creamos en el sistema que tiene los mecanismos judiciales de control, y el control que cada periodo electoral se nos da a los ciudadanos de con nuestro voto dar o retirar confianzas y con ellas gobiernos. A la justicia le debemos reclamar más que nunca eficiencia, ceguera y sobre todo rapidez en la instrucción de los casos –es decir, en la fase de investigación de los presuntos delitos- y en la celebración de los juicios. Decía un jurista italiano Calamandrei que no puede haber justicia si esta no es rápida, y tenía razón. Yo confío en el sistema, y creo que todos debemos de hacerlo, porque desde luego prefiero la imperfección de una democracia que la perfección impuesta de una dictadura.
Para finalizar esta breve reflexión, como afiliado del Partido Popular pienso que no todos los afiliados somos Barcenas, ni otros presuntos imputados, de uno u otros partidos, la mayoría somos gentes sencillas, con unos ideales, con un deseo de trabajar para transformar la sociedad, que pertenecemos a organizaciones políticas a las que pedimos el máximo de rigor y colaboración en la eliminación de la vida pública de esa lacra social que son los “corruptos”. Yo desde luego lo digo muy alto nadie imputado sin investigar, nadie sin sus derechos de defensa y presunción de inocencia, pero el máximo de los rigores.
Termino con un ruego, y casi como empecé: no todos somos iguales, no juzguemos a los justos, y persigamos a los pecadores (en el sentido delictivo, no eclesiástico, claro es). Por justicia, por aquello que decían ya en los tiempos de Roma Ulpiano: ”dar a cada uno lo suyo”, porque generalizar es pernicioso y prejuzgar también.

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