LOS AFILIADOS: ESOS GRANDES OLVIDADOS.

afiliadosAntonio tiene sesenta y pocos años, es un hombre comprometido, vive en uno de esos barrios de la ciudad de Vigo en que decir que eres de un partido de centro derecha no es fácil; trabaja también en un gran astillero en el que su filiación política (por inusual) no pasa desadvertida. Los recortes, las subidas impositivas, los sacrificios, el desempleo, la corrupción, los problemas, le suelen azotar cada bocadillo que disfruta en el puesto de trabajo. Para mí Antonio representa el gran damnificado de los resultados electorales negativos de mi partido porque a los dirigentes en el cargo les va la carga, es voluntario estar en esos puestos, y si no quieren o no son quienes de aguantar el tipo ya saben lo que tienen que hacer. Pero Antonio es otra cosa, y puede ser él o cualquier otro de los miles de afiliados anónimos que muchas veces se hacen una pregunta interna ¿tengo necesidad de estar ahí? Un ¿Por qué? al puro estilo Mourinho martillea su pensativa cabeza cada vez que ve en televisión, escucha en la radio, lee en la prensa o internet, o se lo recuerdan sus compañeros de bocata los casos de corrupción que asolan, avariciosos que en una posición infinitamente mejor que la suya se lo llevan calentito. ¿Por qué? Pero tras la reflexión llega a la misma conclusión: “son mis ideas, mis principios, mis valores…ningún sinvergüenza me los puede robar, eso no, ni siquiera la ilusión de transformar la sociedad, soy un granito de arena, pero me implico, porque sin implicación no hay transformaciones…”

          Personas como Antonio, y hay muchas más son las grandes afectadas de datos electorales negativos, y muchas veces además son los grandes olvidados de los partidos políticos. Se les llama cuando ha elecciones, se les utiliza cuando hay elecciones, se les molesta cuando hay elecciones, y se les OLVIDA cuando no las hay. Son el mejor capital que tenemos los partidos, son los que día a día se parten la cara, se baten el cobre mejor que nadie por su partido, pero son los grandes abandonados. Escucharlos, reunirlos, cuidarlos, mimarlos, quererlos no puede ser flor de un día, tiene que ser labor de todos los días. No podemos tratar a los afiliados como aquel traje que sabemos tenemos en el armario y del que solo nos acordamos de él cuando lo necesitamos porque corremos el riesgo que al ir a ponérnoslo esté apolillado o no nos sirva, porque en el contacto va el cuidado, porque como se suele decir “el roce hace el cariño”, pues sabiéndolo rocemos a los militantes no nos acordemos de ellos como de Santa Bárbara, de Pascuas en Ramos.

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