NO ES PAÍS PARA REVOLUCIONES

El otro día veía en TVE, un documental histórico sobre la denominada Revolución Rusa, para cuyo centenario quedan unos 5 años. Un proceso en el que la gente se reveló contra el poder establecido, en el que se derroca el régimen zarista, se crearon los sóviets nacidos de la voluntad popular, y que buscaron en cierto modo gobernar el país desde abajo, desde la sociedad, con una forma de organización basada en un modelo participativo. En 1917, en Rusia, la manifestación más clara de la emancipación de la sociedad civil fue la creación espontánea de los sóviets (consejos de obreros, campesinos, soldados y marineros), que cubrieron en una semana la práctica totalidad del país; el sóviet es una asamblea, convocatoria o consejo obrero de trabajadores; se configuró una estructura jerárquica del Estado, que iba de abajo hacia arriba y de arriba hacia abajo estaba conformada por sucesivos consejos hasta llegar a la máxima autoridad, el Sóviet Supremo. Las consecuencias: revueltas, sangre, nulo respeto a los derechos de los demás, cerco del poder existente, y al final la aparición de una dictadura en este caso encarnada en la figura de quien se presentaba como salvador de la patria y aglutinador de las voluntades supuestamente democráticas, pero a la postre un duro dictador comienzo de toda una saga de dictadores que llegaron hasta casi finales del siglo XX. Lenin, a través de su partido bolchevique, fue ese aglutinador de voluntades, que saltándose el régimen conocido, buscó algo distinto, y vaya si lo encontró una auténtica y férrea dictadura.
Después de esta breve explicación histórica que tan bien nos recordaba el pasado lunes el documental a que hacía referencia al principio, me hago una pregunta: será cierta la afirmación de muchos de que ¿la historia es un proceso cíclico?, ¿nos encontramos en España en circunstancias similares a las de la Rusia de principios de siglo XX? Creo que acontecimientos como los que suceden en España en los últimos tiempos nos deben de hacer reflexionar, y hechos como el 25 de septiembre en Madrid también (con sus posteriores réplicas el 26 o el 29, y los que vengan), no vaya a ser que sin quererlo entremos en una espiral sin retorno que siempre ha acabado en un proceso de falta de libertades y de control por unos pocos, por ende un proceso ajeno a la democracia que tanto nos ha costado conseguir.
Puede que la historia sea cíclica, no lo afirmaré con rotundidad, pero no per se, sino porque los seres humanos buscamos constantemente evolucionar, cambiar, revelarnos contra nosotros mismos incluso. Si lo hacemos individualmente, pues colectivamente también.
La situación social, política no es exactamente la misma, si atendemos a la propia reflexión de la historia. Se vivía un momento duro en lo económico en aquella Rusia de principios de siglo, con poco avance industrial, con una sociedad muy agraria que vivía en una férrea autocracia dirigida por el Zar Nicolás II, donde los ciudadanos no participaban de los asuntos públicos y en la que el Zar imperial imponía su voluntad.
Hoy año 2012, no vivimos unas circunstancias ni parecidas, en España tenemos con sus imperfecciones, un sistema democrático consolidado, una monarquía parlamentaria (a pesar de las banderas republicanas), en la que la división de poderes es clara, en el que tenemos un poder legislativo representado por el Congreso de los Diputados y el Senado, un poder judicial independiente y un poder ejecutivo representado por un gobierno legitimado por la voluntad ciudadana en unas elecciones libres y democráticas que se celebraron el 20 de noviembre, quiere ello decir que no hace ni siquiera un año. ¿Estamos para cantos de sirena?, para ¿políticas demagógicas?, para ¿revoluciones sin sentido?, para ¿cercar el núcleo que representa la voluntad popular y la soberanía nacional?
Personalmente creo que no, no es lo mismo la Rusia de 1917 que la España de 2012, no es lo mismo un Estado autocrático que un Estado Democrático, no es lo mismo vivir bajo el yugo de una dictadura (sea ésta de un emperador o un dictador) que hacerlo en libertad con unas instituciones que parten de las urnas. En la España de 2012 tenemos, gracias a la altura de miras y la voluntad de los españoles de 1978, una Constitución que para bien o para mal ha servido, sirve y servirá para unir la voluntad del pueblo español y de las diversas Autonomías, y que debe de actuar como un auténtico pegamento. También en 2012 aparecen algunas voces que dicen que el pegamento ya no vale, que no une, que hay que cambiarlo, que las cosas se construyen desde abajo hacia arriba (curiosamente como en los soviet a los que aludía al principio), se han creado dudas interesadas sobre el sistema, se ha demonizado la política e identificada como causante de nuestros males, y todo ello se ha hecho interesadamente. Que haya algunos políticos malos, corruptos o incluso necios, no significa que todos lo sean; o acaso que haya abogados, médicos, profesores, etc., en las mismas circunstancias inhabilitan a todos? No, verdad. Los maximalismos pueden conducir a claras posturas extremistas, y éstas nos pueden conducir al caos.
A esas voces que reclaman la dimisión de un gobierno, elegido hace menos de un año; a esas personas que reclaman una nueva constitución; a esas personas que se afanan por rodear e incluso anuncian ocupar la Casa de la soberanía de los españoles que es el Congreso de los Diputados (que recordemos fue profanado una sola vez en estos años de paz democrática, por un indeseable personaje para nuestra historia, pero que fue acallado por los demócratas de entonces); a esas personas les haría una pregunta: la mayor arma que existe en cualquier democracia que se precie es el VOTO, el cuerpo electoral que formamos todos los electores tenemos el derecho y la responsabilidad de elegir a nuestros representantes; les preguntaría por qué no se organizan políticamente, por qué no se presentan a unas elecciones, y por qué no dicen exactamente en que consisten esas reformas que pretenden, cual es el alcance de su pretendida nueva constitución: cómo, para qué, cuándo y dónde. No utilizar el sistema -es más querer reventarlo-, no debe ser considerado más que como querer iniciar un proceso revolucionario por supuesto al margen de la legalidad, que nos puede arrastrar a situaciones nada deseables y desembocar en graves consecuencias para la convivencia pacífica que nos hemos dado. Hubo un exministro socialista que dijo algo así como que los “experimentos con gaseosa”, yo diría que con la situación extrema económica que tenemos, con la proyección negativa que en este mundo globalizado pueden tener determinadas imágenes, no debemos hacer experimentos al margen del sistema, trabajar para mejorarlo pero nunca para reventarlo, ni estirar la goma de tal forma que estalle.
Yo desde luego no creo que la revolución sea la solución, si el diálogo, el trabajo conjunto y sobre todo pensar que difícil fue llegar hasta aquí, y que fácil y penoso puede ser deshacer el camino andado.

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