NUESTROS COMPAÑEROS DE VIAJE


Se echa la tarde encima y la ciudad se hace cada vez más y más bulliciosa, como un goteo constante de caminantes sin rumbo que pocas veces caen en lo que sucede a su alrededor, y que empecinados en sus problemas descienden en tropel por la acera que observo desde mi ventana. Nadie se pregunta por el que a su lado le acompaña en tremendo trajín, nadie más allá de sacar de uno de sus bolsillos un móvil y hablar solitariamente en su caminar, se para a pensar en que sucedería si de repente se detuviese en medio de esa vorágine enfermiza de cada tarde y sonriendo parase a uno de sus compañeros de viaje y entablase una cordial conversación. Ya nadie se preocupa, enviciado por el quehacer diario de los problemas y el “bastante tengo con lo mío”, nadie se preocupa decía del sentimiento, pensamiento y opinión de su compañero de paseo vespertino.
Esto que en cualquiera de nuestras ciudades observamos nada más asomarnos a una de nuestras ventanas, tiene su fiel reflejo también en el ámbito de lo político. Los partidos en muchas ocasiones olvidan quienes son sus compañeros de viaje, olvidan quienes son aquellos que descienden con ellos en la acera de cada proceso electoral, y piensan en muchas ocasiones, y esto es lo peor, que el ciudadano imbuido en su día a día se olvida de aquellos problemas que cada día reaparecen y que alguien había prometido solucionar.
Pero la promesa a veces queda simplemente transformada en mentira, en señuelo, en gancho para que el desaborido que atraviesa la acera de la vida tenga el gesto cada cuatro años de acercarse a un colegio electoral y depositar la confianza en alguien. Decía ayer un medio de comunicación, de esos que en la cafetería leemos silentes, que los jóvenes no están interesados por la política: ni en oírla, ni en entenderla y mucho menos en participarla, y nada me extraña, porque por lo general el que adquiere relevancia en la vida política se olvida más que nadie de plantarse en medio de esa acera y escuchar, sobre todo escuchar, porque escuchando se aprende, escuchando se toman sabias decisiones y sobre todo escuchando rectificas.
Y como comenzaba aquella canción “sólo le pido a Dios”……… que en mi día a día, y en el día a día del futuro, me plante en medio de la acera de mi vida y escuche, para escuchando aprender y encontrar soluciones para los demás y para mí.

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