PERO SIGO SIENDO EL REY (artículo publicado en ABC el 9 de diciembre)

“Con dinero o sin dinero, hago siempre lo que quiero y mi palabra es la ley….., porque sigo siendo el Rey…” Algo así rezaba una conocida ranchera mexicana. Esta obra musical es, quizá, una de las mayores exaltaciones de la vanidad de alguien, entendida en la acepción de arrogancia, presunción, envanecimiento.

Alguien podría pensar, ¿a qué viene esto? Pues me vino la musiquilla a la cabeza al leer las últimas declaraciones del alcalde olívico Abel Caballero. En ellas ostentaba no un deseo, si una afirmación de ser alcalde hasta el año 2023. Vanidoso es, olvidadizo
también, y además poco realista. Su voluntad es esa pero, como bien dice nuestro refranero “uno propone y Dios dispone”. Abel –una vez más- olvida que estamos en una democracia, cuyo significado al caso es que “uno propone que quiere ser alcalde durante un tiempo marcado”,  y es “la ciudadanía a través de sus votos quien dispone en este caso”. No sería Dios pero si cada uno de aquellos queacudan a las urnas, y opten por una u otra opción. Por otro lado en nuestra intrínseca humanidad está la viabilidad de alcanzar nuestra metas: la salud por
ejemplo. De esta forma se transforma la manifestación del “caballero” en cuestión en la quinta acepción del diccionario de la RAE: “vana representación, ilusión o ficción de la fantasía”; claro que viniendo de un confeso autor de novelas (que ha llegado a decir escribe en una semana), puede que de ahí le provenga la ilusión o ficción de su propio pensamiento.

Vanidoso en uno u otro término, lo cierto es que ha instaurado una táctica, como en el arte de propaganda goebbeliana: menospreciar al “rival” político (creo que entre personas no debemos hablar de enemigo, aunque para él lo sea); lo ningunea, avasalla e incluso desprecia emulando al expresidente de la FEMP, el socialista Pedro Castro, quien insultó gravemente a los votantes populares. Ello dice poco de la inteligencia de quien lo hace, pero aún menos de su catadura moral. Su argumento en busca de la eternidad en el cargo –pese a encontrarse en edad de jubilación- es el desprecio al rival, a un partido político, dirigentes, y como dije incluso militantes, que no son más que votantes y ciudadanos, le pese a él, no le pese, e incluso nos menosprecie.

Como ciudadano de esta maravillosa ciudad, me preocupa el caudillismo que verbalmente representa, sin someterse al designio de las urnas, faltando al respeto a la ciudadanía; ni siquiera sabe cual sería su hipotético programa de gobierno, de resultar candidato del PSG-PSOE, y obtener un resultado decente que le permitiese repetir, porque además de salir él, debería hacerlo alguien con quien coaligarse (como es la situación actual con el BNG); sin contar con nadie, sólo con su espejo, con el reflejo de la jactancia, el retrato de un ego exacerbado con la canción de fondo de Vicente Fernández, que canta a capela el propio Caballero -¿quién lo haría mejor?- y parafraseando dice porque “quiero seguir siendo el alcalde de por vida”.

Porque no tiene ni trono ni reina, pero si quien lo detenga: la ciudadanía. Y le recuerdo que la canción señala en uno de sus versos que “también me dijo un arriero que no hay que llegar primero pero hay que saber llegar”. Usted no llega primero nunca, y lo que es peor no sabe llegar porque la prepotencia le ciega.

 

Vigo no necesita del egocentrismo de nadie, pero si del trabajo de todos; no necesitamos a ningún “monarca musical”, porque tenemos las ondas del mar de Vigo que cantaba Martín Códax; pero nos falta el sentido común de un liderazgo político que nos ponga en la visión
de aquel Vigo que a finales del siglo XIX relató George Borrow conocido como Jorgito el Inglés, cuando visitó nuestra ciudad y vio nuestra Bahía, en su obra “La biblia en España”, en su parte “Viaxe por Galicia”.

Dícese eiquí: pasiño a pasiño, a modiño señor Caballero, o primeiro é chegar alí, o segundo ser candidato, e despois facer algo que nunca fixo: gañar unas eleccións, xa non lle digo unha maioría absoluta, pero si ser a primeira forza política da cidade –que Caballero nunca acadou. So entón podería cantar aquilo de “sigo sendo o rei”. Ten o “charro” que arranxar a súa casa primeiro, deixar a dos outros tranquila,  respectar os
afiliados e votantes, non vaia ser que o final a cidadanía bótenlle –de echar en castelán-. E eu engado polo ben de Vigo “Ogallá!”.

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