POR LA LIBERTAD, NO SUCUMBAMOS AL CHANTAJE

¡Menudo susto! Esto exclama cualquiera de nosotros cada vez que enciendes el televisor y te encuentras con las espeluznantes imágenes de cientos de enfurecidos a consecuencia, parece, de las viñetas del diario danés. Su furia la manifiestan, nada más y nada menos que, asaltando y quemando embajadas, pisoteando banderas, y profiriendo gritos llamando a la guerra santa contra occidente.
¿Qué hubiera pasado entonces si a Carod Rovira se le hubiese pasado por la imaginación en vez de jugar con una corona de espinas, hacerlo con un turbante? Pues imagínenlo.
Puedo estar de acuerdo con aquellos que piden respeto para las diferentes religiones, lo estoy con aquellos que reclaman el derecho a la libertad de expresión (que como cualquier libertad no ha de caer en el libertinaje), pero no puedo estar de acuerdo con aquellos que con absoluto desprecio de los demás utilizan la violencia como defensa de sus derechos religiosos, de aquellos que por el uso de la fuerza se quieren convertir en adalides no se sabe muy bien de defensa de que. Tampoco puedo estar de acuerdo con un gobierno que ante este tipo de problemas no se comprometa con la defensa de su democracia y que parece rogar, más bien suplicar, el perdón, para que a una determinada nación no le salpique el problema. No me parece tampoco bien que ese mismo gobierno utilice un tema tan delicado como éste como mera propaganda de un proyecto nacido muerto como el de la alianza de las civilizaciones. ¿Acaso tenemos que pedir perdón al mundo por haber nacido en unos países en los que tenemos derechos y libertades individuales? ¿Acaso debemos avergonzarnos del uso de nuestros derechos siempre que respetemos la legalidad? ¿Acaso es más importante la alianza de las civilizaciones que nuestros socios de la Unión Europea?
La libertad individual, los principios inspiradores de las democracias occidentales no pueden sucumbir ante la amenaza o el chantaje, porque en su propia esencia está la resistencia ante estos temores, porque en nuestra forma de entender la vida y por ende la libertad sólo el imperio de la ley y las consecuencias de quebrantar ésta supone chantaje o amenaza para el ejercicio de nuestros derechos. Comprometámonos en el respeto a los demás, pero exijamos que los demás también nos respeten a nosotros.

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