¿QUEREMOS PERDER EL TREN DEL PROGRESO? (ABC 20-11-13)

articulo201113abcEran sobre las 8 de una fría mañana invernal, que en Pamplona se manifestaba intratable. Estaba en la estación de ferrocarril esperando al tren para regresar a Vigo, junto a la que entonces era mi novia. Indispuesta, corrió al baño. Hablé con un responsable de la estación, quería convencerle de esperarla. «Mire —me dijo— no podemos parar el tren a la espera de cualquier viajero». Aquello me supo mal en aquel momento y hasta se me pasó por la cabeza ponerme en el medio de la vía a modo revoltoso. Afortunadamente no hubo necesidad y los dos subimos a aquel largo trayecto que en ocasiones llegaba a más de 12 horas de viaje.
No, no me he vuelto nostálgico recordando los 90, pero pronto entenderán el porqué de esta historia que me hace pensar en el presente. Hoy esta anécdota me lleva a varias conclusiones. La primera, que los trenes solo pasan una vez, hay quien tiene que tomar decisiones y uno no decide ni sobre los horarios ni las paradas en estación. Estarán pensando ustedes que siempre se puede coger el siguiente, pero me atrevo a asegurar sin miedo a equivocarme que más de uno ha dejado escapar alguna oportunidad sin que se le haya presentado una nueva.
Vigo está hoy en aquella estación y algunos intentando parar el tren hacia el futuro. La ciudad no se puede permitir dar la espalda al macrocomplejo comercial de Porto Cabral que muchos vigueses sí queremos y, aún más importante, la ciudad necesita.
Al igual que aquella novia de mi juventud, Vigo está indispuesto. Adolece de unas altísitimas tasas de paro que la izquierda más radical, la misma que reclama en las calles empleo, se opone a resolver con una inversión (la que proyecta Eurofound) en el citado complejo que supera los 500 millones de euros con los que la promotora estima la creación de más de 3.000 nuevos empleos en la ciudad.
Si cedes ante los que bloquean la vía frente a los que creen en la oportunidad que supone el viaje, Vigo no solo perderá el tren del progreso y del futuro, sino una oportunidad única que solo pasa una vez en la vida. La ciudad demanda altura de miras, y para ello hay que pronunciarse.

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