UN DIA TRISTE, NEGRO UNA LECCIÓN DE SOLIDARIDAD Y ESPERANZA

     Eran las 20:40 de un miércoles distinto. Distinto porque era la víspera de la Fiesta grande de mi tierra Galicia, y porque eran muchos los fastos festivos previstos sobre todo en Compostela con la majestuosa Catedral como epicentro de esa Galicia global. Eran las 20:40 cuando el destino decidió que lo que debiera ser una jornada de diversión y bullicio, se convirtiese en el día de la tristeza, el luto, la pena, la nostalgia y el recuerdo. La vida es así de cruel y de indefinida, no sabes cuando llegas a este mundo, y tampoco cuando nos despojaremos de la temporalidad de nuestra existencia.

    Siempre se dice que de algo negativo hay que intentar sacar hechos positivos, y de esta tragedia desde luego también. Alguien puede decir: se ha vuelto majareta, ¿cómo puede haber algo positivo entra tanto dolor, tanto hierro retorcido y tanta historia individual truncada? Pues sinceramente la veo sé que tenemos esperanza y solidaridad. Ver que en los instantes posteriores al accidente, -cuando las fuerzas y cuerpos de seguridad y de sanidad de la Comunidad, del Ayuntamiento y del Estado aún no habían ni siquiera tenido tiempo de llegar al lugar del accidente-, los vecinos de Angrois sin trajes especiales, ni cascos, sin guantes, sin preparación específica ni conocimientos saltaron una valla, cogieron incluso piedras a modo de improvisados martillos para romper las lunas, y se dedicaron a ayudar entre los vagones, y el amasijo de hierros, a los conciudadanos heridos unos, muertos otros que estaban en el escenario del accidente. Estos vecinos no pensaron en el peligro, ni en sus miedos, ni siquiera en su seguridad, sólo pensaron en los demás, en ayudar, en los seres humanos. Agua, mantas, esfuerzo, ayuda, pero sobre todo ESPERANZA para aquellos que si no llega a ser por esta actitud de los vecinos podrían haber estado en el lado de la lista de víctimas mortales. Arriesgaron su integridad por los demás, con valentía y eso dice mucho del carácter de este pueblo, de los gallegos que con arrojo y valentía a lo largo de nuestra historia hemos dado muestras sobradas de estos valores que nos caracterizan. Una vez llegaron las fuerzas y cuerpos de seguridad, de sanidad y bomberos, éstos también actuaron con enorme arrojo y profesionalidad.

         Con posterioridad llegó la SOLIDARIDAD del resto de Galicia: esas colas de ciudadanos donando su sangre, aquellos que ofrecieron sus servicios profesionales y ayuda a cambio de nada, aquellos que con sus plegarias y acudiendo a los respetuosos homenajes mostraron el apoyo a las víctimas a sus familias y amigos, aquellos que simplemente tuvieron un pensamiento o una palabra de aliento hacia los demás. Sirvan estas letras de homenaje a los que han sufrido y sufren en este terrible y lamentable accidente, y también a los gallegos y españoles que han hecho todo lo que he dicho.

    El gallego, español, el ser humano frente al espejo de su fragilidad dio lo mejor de sí mismo, somos una sociedad magnífica que podemos superar cualquier reto que se nos presente por delante pronto, porque el ser humano es así, el accidente quedará atrás, la vida continuará, pero no debemos olvidar estos grandes valores que hemos demostrado: dar esperanza y ser solidarios, porque los podemos transponer al resto de circunstancias de nuestras vidas y ser mejores. Ojala así sea.

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