VOTEMOS SIN MIEDO, PENSEMOS EN HACERLO EN LIBERTAD, SIN IRA.

Hace aproximadamente 26 años que tuve que adoptar una decisión importante sobre mi futuro profesional: decidir a qué dedicarte marca el devenir de tu propia vida. Recuerdo, tras haber decidido dedicarme a la abogacía, acudir a entrevistarme con dos abogados conocidos de mi padre y ambos coincidieron en lo mismo darme un mensaje de desánimo: “no te hagas abogado”. Aquello ciertamente me marco, con el tiempo me he dado cuenta de que simplemente era una manera de que el mar de asuntos judiciales que hay en esta ciudad tuviese un pescador menos y más peces para repartirse. En honor a la verdad, uno de ellos fue finalmente mentor en mi profesión, de lo que le estaré eternamente agradecido.

Os preguntaréis ¿a qué viene esta perorata? Pues vista la situación que vivimos en este País con las elecciones del próximo día 10 de noviembre. Los peces grandes quieren concentrar en ellos el voto, a costa claro es de quienes pretenden aportar nuevas formas o ideas. Se llama por decirlo en una palabra “miedo”. Pero donde unos ven miedo, otros vemos oportunidad, aire fresco, pero sobre todo libertad personal de elección. Lo cierto es que si viviésemos en un País coherente los resultados electorales del pasado 28 de abril deberían coincidir sustancialmente con los del próximo 10, pero ha entrado en juego el “factor miedo”, la llamada de los grandes a concentrar el voto, para evitar que los boten o echen de sus sillas (¿meritocráticamente ganadas?).

Como cuando decidí enfocar mi profesión a la abogacía, lo que quiero ahora es que dejemos libertad personal de pensar, libertad personal de comparar y al fin libertad personal de elegir. En democracia el voto es el arma más útil, usarlo con responsabilidad debe ser un deber personal, pero la libertad de poder hacerlo es sin duda lo más importante para avanzar en la democracia. En estos tiempos procelosos que vivimos, inspirar nuestras decisiones en el miedo nos llevarán a cometer errores; en estos tiempos donde dos no son quienes de ponerse de acuerdo  con vetos mutuos y posiciones irreconciliables, es el momento oportuno para la consolidación de otros actores en escena que equilibren como punto de apoyo un gran acuerdo entre todos que impulse el futuro, que definitivamente ponga en marcha las reformas en libertad que precisan este país y que alejadas del miedo, permitan que si quieres blanco pidas blanco, si quieres naranja la pidas y si quieres ser abogado o médico nadie te desanime en esa decisión o sueño que tienes.

Como en aquellas primeros pasos de la Democracia en la Transición «Libertad sin Ira» con todos los españoles hablando en libertad y sin miedo. El futuro se llama España, y hace falta un gran acuerdo nacional que profundice en una España en libertad, una España del siglo XXI, una segunda transición la de la consolidación de nuestro sistema constitucional de libertades en torno a nuestra Nación.

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