NO SOY SANTO, PERO MUCHO MENOS INTOLERANTE.


¿Soy santo? La verdad es que, creo que no. ¿Aspiro a serlo? La verdad es que, tampoco es una cosa que me plantee. ¿Estoy indignado? Pues si, lo cierto es que sí, con la improvisación del gobierno y con su falta de solución a los problemas reales del país. ¿Aspiro a unirme a los llamados “indignados”? La verdad es que no.

Hemos asistido estos días a numerosos problemas en la capital de nuestra Nación por la visita de S.Sª el Papa. Yo no he ido a verlo, ni siquiera llegué a planteármelo, precisamente por ello puedo hablar con total libertad, con total independencia de lo que se ha visto desde mi ciudad Vigo a 600 km de distancia.

Estamos demasiado acostumbrados, y quizá por ello no sorprenda a elevadas dosis de demagogia, a la propia de Rubalcaba y el gobierno, se han unido ahora sus secuaces los llamados “indignados del 15-M”. Protestan por el coste de la marcha mundial de la juventud, porque el estado corra con determinados gastos que como el propio ministro portavoz ha dicho, no son para tanto. Pero nadie estos días se ha planteado: ¿cuánto nos cuestan los campamentos de la indignación? Sí, sí, tan puristas y laicos que dicen ser, tanto que critican que la visita papal ha costado mucho dinero, pero por qué no dicen cuánto cuestan ellos. La seguridad, la limpieza, los destrozos, etc, nos cuentan dinero, mucho dinero. También le cuestan dinero, mucho dinero a los comerciantes de las zonas en las cuales instalaron sus “acampadas”. Ahora además se indignan porque la policía ha hecho su trabajo, cuando la policía cumple con las órdenes que le da el gobierno. Las algaradas que crean van claramente en contra de la libertad individual. Frente a unos pacíficos chicos con sus aspiraciones cristianas, se levantan furibundos los “indignados de la izquierda radical española” para hacer gastar a nuestro país en policía, en recuperar los destrozos, etc. ¿Por qué no son partidarios de la libertad? ¿Por qué les molesta? ¿Por qué ellos tan preocupados de que el Estado gaste, representan un gasto para todos nosotros? ¿Por qué? Porque no aman la libertad, porque quieren que se haga lo que ellos dicen, y eso es propio de una dictadura. Queremos libertad de expresión, yo como decía al principio no soy santo, no aspiro a serlo, pero me gusta ser libre, opinar en libertad, que los demás lo hagan también, pero sin alterar la libertad de los otros. Se han retratado frente a la provocación la indiferencia, frente a la libertad la intolerancia, y frente (según ellos) el gasto el gasto. No quiero por tanto ser de esta clase de indignados que se indignan con unos por no ser como ellos. Si caemos en eso caemos en la más absoluta intolerancia y no quiero eso para mi país.

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