EL SILENCIO CORROMPE LA VERDAD

imageEsta mañana cuando abrí mi cuenta de twitter me encontré con esta frase que había compartido mi amigo Carmelo Mercado, una máxima pronunciada por el jurista y político Cicerón quien decía que “La verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio”. Me ha hecho reflexionar, y en el día de hoy viene bastante al caso. En España, con todo lo que ha caído en los últimos años, en materia de la crisis económica y sobre todo por los innumerables casos de corrupción que han salpicado la geografía nacional desde las más altas instituciones a las más bajas, desde el entorno de la Casa Real a la menor de las Pedanías de este nuestro País. Y, al margen de esta macabra extensión, existe otro patrón similar en la mayoría de los casos, y de ahí la idoneidad de la frase de Cicerón o se ha recurrido a la mentira, o lo que ha sido peor al silencio. En tiempos de Marco Tulio Ciceron no podía recurrir al “plasma”, porque no existía, de ahí el silencio, pero hoy tenemos esa doble vertiente la del silencio como ausencia de decir algo, de opinar; o el silencio como monólogo sin preguntas. En uno u otro caso perversa situación porque en ambos casos pone en duda la “verdad” (o tú verdad, como se estila a decir ahora). Ya no hablemos de la mentira que como dice el dicho tiene las patas cortas y deja al que la comete en una difícil situación.
Por ello se necesita que los que se dedican a la “res pública” den la cara en todo momento, se expliquen ante la ciudadanía y no escapen nunca, por difícil que sea dar explicación de las actuaciones y/o omisiones, de las cuestiones que reclama la ciudadanía y de las que desde la política se proponen.
Y no hablo de un partido u otro, lo hago de todos en general. En los tiempos que corren dar la cara y explicarse no debe ser una opción, tiene que ser una obligación, y por cierto sin necesidad de enviar un “propio” y si dando la cara personalmente. La consecuencia de no hacerlo es como la de aquella persona que tiene un quiste no lo consulta a un facultativo y deriva en una grave enfermedad que te puede incluso costar lo más importante la vida. El silencio es como esa enfermedad que acaba corrompiendo la verdad de lo que dices y derivando en la total incredulidad, como en el cuento de Pedro y el lobo.

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