¿EXAMEN DE CONCIENCIA O PENITENCIA? CAMBIEMOS LAS FORMAS.

confesionarioHan pasado dos días desde las elecciones andaluzas siguen siendo objeto de debate, de preguntas, de respuestas, de inquietudes y preocupaciones, desgraciadamente hoy roto por el trágico destino de un accidente de aviación. Pero reitero algo que dije ayer respecto de los afiliados de los partidos “escucharlos, reunirlos, cuidarlos, mimarlos, quererlos no puede ser flor de un día, tiene que ser labor de todos los días”, que por supuesto debe ser extensible a la ciudadanía en general.

           Esta mañana un amigo me enviaba un mensaje en el básicamente me decía: “necesitamos otra forma de hacer las cosas. Una máxima es que mi voto vale lo mismo que el de Feijoo (vota en Vigo) o…”. Por supuesto mi contestación es que su voto valía más. ¿Por qué? porque alguien ajeno a la estructura de un partido que confíe en ti, tiene el valor añadido de convertirse en un auténtico “agente comercial” de tus ideas, mientras que el dirigente político por la cuenta que le trae votará si o si.

          Me decía un notario cuando empecé el ejercicio profesional (allá por el año 1993) que los clientes son como las cerezas que detrás de uno que cojas viene otro. Este mismo dicho, pero aplicado a la política, se lo he oído al único alcalde vigués que logró mayoría absoluta D. Manuel Pérez, curiosamente cuando está cercano a cumplirse el 20 aniversario de tal logro, y lo dice (porque además lo demostró) que captando un votante, trabajando para convencer -aunque solo sea uno- se consigue arrastrar una ola de votos. Recuerdo las reuniones del bueno de Manolo con afiliados, simpatizantes (o quienes en aquel momento ni lo éramos), cara a cara, con los ciudadanos día a día, hora a hora, minuto a minuto, abierto a ser inquirido por quien hiciera uso de la palabra. Dados los resultados debemos aprender mucho de su forma de trabajar, debe ser un maestro para mi partido.

          Pero 20 años después parece que se busca más la fotografía en los medios de comunicación que ese contacto con el ciudadano tan importante, se ha renunciado en cierto modo a ese trabajo de campo tan interesante y efectivo. Hay que acercarse al ciudadano mirarle a los ojos y sin miedo ni vergüenza decirle la verdad. Esconderse en la catacumba de una sede, refugiarse en ella, reunirse solo con quien te aplaude, conduce a lo de siempre, ¿pero al éxito? Estamos en un momento de ofrecer algo distinto de hacer un auténtico “propósito de la enmienda” transmitir en este caso a la sociedad de manera sincera y clara estos son nuestros errores vamos a cambiar y estas son nuestras propuestas. Del mismo modo debemos (como en la confesión católica) “decir los pecados… al confesor”, lógicamente en política el confesor es el votante, a quien nos debemos los políticos. No estoy de acuerdo que los fallos se deban decir internamente sin que se entere nadie, creo que la sociedad debe ser conocedora del proceso de búsqueda de soluciones y el reconocimiento de la existencia de fallos. Desde luego de no hacer este ejercicio nos enfrentaremos nuevamente a una “penitencia” que ya sabemos en que consiste: en pérdida de confianza a través de los votos.

          En nuestras manos, en la de los afiliados a los partidos, en las manos de quienes nos preocupa la política, la transformación de la sociedad, está la oportunidad de recuperar la confianza de los ciudadanos, pero para ello debemos implicarnos y no escondernos. Pero,¿Estamos dispuestos?

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