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Soy vigués

Empecé en el año 2005 con esta aventura como LIBERAL VIGUÉS. Soy abogado de profesión, pero me interesa la política, hasta mayo de 2011 he sido Concejal del Ayuntamiento de Vigo,preocupado por sus problemas y que le gusta participar activamente en la búsqueda de soluciones. Comenceí no ano 2005 con esta aventura que é un blog persoal, son avogado de profesión, pero gústame a política, e fun concelleiro da cidade de Vigo ata maio do 2011.
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¿NUEVA NORMALIDAD? QUIERO LA DE SIEMPRE.

Arrancábamos con las campanadas de un 31 de diciembre, normal como todos, y a partir de ahí vivimos lo que ha sido una gran transformación social de esta quinta parte del siglo XXI. Cien años después de aquellos “locos años 20”, vivimos una nueva realidad en forma de miedo. El verdadero virus que nos ataca es precisamente el de la incertidumbre y un cambio radical ¿provocado por un pequeño bichito imperceptible para el ojo humano?, yo diría que aprovechando que el COVID-19 pasaba por ahí Gobiernos e Instituciones han entrado en una carrera por una revolución extraordinaria, basada en el terror y de consecuencias imprevisibles.

España, como otros países de nuestro entorno, nos hemos caracterizado siempre por una cierta “anarquía personal” en el buen sentido del término, en una sociedad básicamente libre, que tiene en las calles parte de su espita de colectividad. De repente, tras una decisión gubernamental pasamos de la libertad de la calle, a la esclavitud de nuestro salón; de tomar un café en uno de nuestros numerosos bares o cafeterías a hacerlo en nuestra cocina rodeados de aquellos enseres que solo solían acompañarnos en determinados ratos, ratos de cubrir nuestras necesidades vitales, mientras que el café, la caña, la cocacola o el tentempié son más para del disfrute; de salir a nuestros institutos, colegios o trabajos durante unas horas al día, a recluirnos en nuestros cuartos horas infinitas de pura dependencia, que cuasi podríamos calificar como de esclavitud puesto que vivimos pendientes del correo, no del epistolar sino del electrónico, vivimos dependientes de un aparatito de unos 15×7 cm que llamamos teléfono móvil, pero que lejos de hacernos libres de movimiento, nos hace cautivos de dormitorio; de besarnos o chocar las cinco a dar ridículos golpecitos con el codo.  Ese insignificante pero peligroso enemigo, ese invisible pero eficaz rival nos ha transformado, no sabemos si definitivamente: acepciones como teletrabajo, telestudio, teleconferencia, zoomeando, wasapeando, etc han convertido nuestra realidad como ciudadanos, como sociedad en algo radicalmente diferente, pero no dudemos que realmente ha sido aprovechado por los dirigentes para dirigirnos en un determinado sentido, avivados por el temor, y acompañados de la perplejidad ante lo desconocido.

A mayores esa libertad de estar fuera conlleva, y esperemos conlleve prontamente el contacto con nuestros pares, reuniones con compañeros y/o amigos, simples charletas, visitas a museos, ir al cine, escuchar música en conciertos se han transformado repentinamente en: reuniones a través de Zoom o Watshap, Cisco u otras análogas; conciertos en Youtube o Spotiffy; visitas virtuales, a ser rehenes de Nettflix, HBO u otra plataforma similar; y en el peor momento a tener una única salida en el día (salvo que seas afortunado de tener un salvoconducto) al balcón de tu casa si lo tienes, o a una ventana en su sustitución viendo y escuchando los aplausos dirigidos a todos aquellos que vocacionalmente en la mayoría de los casos dedican sus vidas a cuidarnos o curarnos.

El año 2020 se está convirtiendo en resumen en el año de las dependencias obligadas, y por ende en la triste transformación de la pérdida de nuestro modo de vida, de reducir el contacto social hasta ponernos el yugo de la dependencia tecnológica y del encierro. Encima nos han inoculado, casi sin percibirlo el auténtico virus el del miedo a la calle, transformándonos en auténticos agorafóbicos de B.O.E.

Sinceramente espero que la “nueva normalidad”- que no deja de ser anormalidad (pues sale de lo normal) no venga para quedarse-, sino que se quede poco tiempo para irse. Debemos ser quienes, como ciudadanos, como españoles, de reclamar nuestro modus vivendi de siempre, nuestra libertad sin dependencias, nuestro deambular como hasta el 31 de diciembre de 2019.

No quiero injerencias, ni una vida dirigida, ni un gobierno que encuentra en el Real Decreto-Ley (que debiera ser para momentos extraordinarios) su nueva normalidad, quiero un País en que el Congreso de los Diputados sea el centro de la política no del enfrentamiento, en el que la Constitución vuelva a ser el vértice de nuestro ordenamiento jurídico, en el que la cascada normativa siga dicha norma y por ende prime la legalidad frente al activismo. En definitiva quiero nuestra normalidad, no la que nos impongan artificialmente. Ahora la pregunta que supongo se hará en las altas instancias ¿Vamos a permitirlo? ¿Renunciaremos sin más a lo que siempre nos ha sido propio, para convertirnos en cobayas de este experimento?


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Empecé en el año 2005 con esta aventura como LIBERAL VIGUÉS. Soy abogado de profesión, pero me interesa la política, hasta mayo de 2011 he sido Concejal del Ayuntamiento de Vigo,preocupado por sus problemas y que le gusta participar activamente en la búsqueda de soluciones. Comenceí no ano 2005 con esta aventura que é un blog persoal, son avogado de profesión, pero gústame a política, e fun concelleiro da cidade de Vigo ata maio do 2011.
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