AHORA SERÍAMOS FRANCESES (ABC 30/3/2013)

972306_10200849699381456_2096965524_nSi los franceses nos hubiesen invadido ahora, como hicieron en el año 1808, seguramente este artículo no lo escribiría en castellano, sino que tendría que hacerlo en la lengua de Molière o del mismísimo Napoleón (Hollande ahora). Pourquoi le dis-je? Lo digo porque en los últimos tiempos, desde hace demasiado ya, los vigueses nos hemos convertido en lobos contra los vigueses. Intereses contrarios al desarrollo de Vigo parten de los propios ciudadanos agitados por políticos o sindicatos, y eso en un momento en que tenemos tanta crisis, en que la ciudad cuenta con más de 35.000 parados, es preocupante, peligroso y contrario al espíritu de la Reconquista.

 Es curioso, pero fueron también unos franceses hace más de 55 años, en 1958, los que se instalaron en Vigo. El terreno donde está ubicada Citroën se distribuía, a mediados del siglo pasado, entre más de un millar de fincas, pertenecientes a un número todavía mayor de propietarios. A pesar de la enorme complicación que suponía esta circunstancia, la Zona Franca fue capaz de adquirir inicialmente más de 400.000 m2., pese a que algunos propietarios se opusieran por el miedo a “de que iban a vivir” (muchos eran terrenos de labranza), y han acabado viviendo de la fábrica precisamente. La factoría ha resultado determinante en el desarrollo industrial, social y económico de lo que conocemos hoy como Vigo. ¿Serían Coia, Traviesas, Balaidos, Matamá o Valladares, y toda estas zonas, algo más que un campo si no se hubiese instalado allí Citroën? ¿Alguien imagina que hubiera sido de la ciudad si hubiésemos boicoteado su instalación y/o crecimiento? Porque no sólo es la matriz, sino toda la industria auxiliar y de servicios generada a su alrededor, una gran parte del PIB vigués y de la explosión de una ciudad ha ido unida a esa implementación fabril.

También han quedado muchos proyectos de desarrollo por el camino y otros retrasados por las divisiones, por la falta de coherencia, por el exacerbado protagonismo personal con el que se antepone el propio interés al colectivo, en el que se piensa mucho en el día siguiente y poco en días venideros. Se ve el cortoplacismo, y no el beneficio futuro que pueden suponer las cosas: 13 años para un Auditorio, la ampliación del Areal paralizada 10 años, el segundo cinturón, el Hipercor, Ikea…son demasiados ejemplos de paralizaciones, incumplimientos y de pérdidas para la ciudad.

Ahora asistimos a una de esas peleas, con “Porto Cabral”; hermanos contra hermanos, primos contra primos, la sociedad viguesa dividida entre partidarios y detractores, entre los que quieren poner puertas al campo, y aquellos que queremos que los parados de la ciudad tengan una oportunidad, que se respeten las leyes y que Vigo despegue.

Personalmente me he pronunciado a favor de este proyecto, porque no se puede impedir a alguien que quiera invertir 500 millones de euros, y generar más de 3.000 puestos de trabajo, siempre y cuando se cumpla con las leyes vigentes (el PXOM prevé la zona para uso comercial, por cierto votado a favor el 29 de diciembre de 2007 por el PSOE, y el BNG -que ahora lo critica-, y viniendo de un PXOM redactado por el BNG y asumido por el PP del 2004, con lo que urbanísticamente nadie debería de protestar). En cuanto al medio ambiente -que por supuesto defiendo- para ello están las leyes, y las licencias para preservarlo. La imagen que se está proyectando de un Vigo dividido, noticia a nivel nacional por reyertas televisadas entre vecinos, lo único que hace es espantar inversores y perjudicar la ciudad. Cordura, sentido común y sobre todo pensar en la urbe y en los más de 35.000 parados que lo pasan mal, y en el retorno económico y social para la maltrecha economía viguesa.

No quisiera que dentro de 55 años miremos atrás, y digamos: “¡Uy, que hubiese sido de mi ciudad si nos hubiésemos unido para defenderla!” ¿Alguien se imagina  Vigo en 2013 sin Citroën? No, verdad. Pues tengamos cuidado de que por oponernos a todo por sistema pase un nuevo tren de progreso y desarrollo y lo perdamos.

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