EL ABELISMO, ¿NUEVA RELIGIÓN? YO ME DECLARO ATEO DE SEMEJANTE PROFETA



Es increíble hasta donde puede llegar la utilización de los recursos públicos para la satisfacción del propio ego, el amor a si mismo obviando a los demás, como hace alguien como el alcalde de Vigo. Cuando se confunde lo General con lo particular no sólo se roza o hace el ridículo, si no que se eleva a la categoría de noticia la anécdota, y ahí nace el peligro de confundir el yo con el todo, como desde luego hace Caballero.

Ni el alcalde es Vigo, ni Vigo es el alcalde, si no que como máximo representante de los vigueses debería convertirse en el primer trabajador por y para la ciudad. Construir castillos con el propio egocentrismo no denota más que falta absoluta de liderazgo, reconocimiento de ser el derrotado, que por la puerta de atrás del pacto llega al gobierno, y un fracasado político. Así Abel causa hastío en la ciudadanía y con el tiempo llegará la indiferencia.

¿Pero esa indiferencia y hastío debe llevarnos a los políticos de la ciudad a adoptar una actitud de pasotismo? Entiendo que desde luego no, debemos denunciar una y otra vez la utilización de los recursos públicos como de facto hace “alcaldía” en beneficio propio y exclusivamente en clave electoral. No cabe el chantaje y la irresponsabilidad, ni creerse un “profeta” salvador en pleno siglo XXI.

Alguno, mejor dicho UNO (Abel) cree que puede fundar el “Abelismo” nueva religión consistente en seguir al profeta Abel Caballero, algunos seguidores ya comprados en su voluntad le adoran sin descanso allá donde acude, otros -que trabajan para él- incluso lo denominan dios elevándolo a categoría celestial, otros sin embargo tienen que tragar con sus símbolos para incluso percibir subvenciones, y los más nos declaramos abiertamente ATEOS de semejante “profeta”.

De momento su único milagro es el del desempleo, el endeudamiento, la propaganda y así como Jesús transformó el agua en vino o piedras en peces y pan, él transforma con el dinero de nuestros impuestos las aceras en losetas para que paseen las familias paradas (desgraciadamente) por nuestra ciudad, invirtiendo el dinero de la lotería del plan E en su ego y no produciendo retorno para el empleo y la economía viguesa.

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