EL ERROR DE LA EQUIDISTANCIA POLÍTICA

      El diccionario de la RAE define la equidistancia como “igualdad de distancia entre varios puntos u objetos”. Esto que en puridad podría ser un elemento a tener en cuenta en la geometría, es trasladable también a la que podríamos denominar “geometría política”. Si aquella se define como el estudio de las propiedades y de las medidas de las figuras en el plano o en el espacio, pues bien el concepto de la geometría política debería llevarnos al estudio de las propiedades de la adopción de un criterio político respecto de un tema que afecta sustancialmente a la sociedad en la cual la decisión afecta. Los partidos políticos deben vivir de las ideas y de la opinión, de las ideas para mejorar la sociedad en la que tienen representación o quieren tenerla, y opinión sobre las ideas de los demás, ya sea ésta sobre ideas de otras formaciones políticas o de la sociedad en general. Pero ¿qué sucede cuando una formación política no opina y se mantiene al margen? Pues que entra en juego la “equidistancia política” y el efecto perverso principal es confundir al ciudadano, ya sea del propio partido o ajeno a él. En una situación políticamente peligrosa y rayana en la anti-política.

      ¿Trae votos a una formación política practicar la “equidistancia política”? Personalmente creo que no, todo lo contrario, resta votos, porque diluye la credibilidad en el agua de la indefinición. No se trata de hablar por hablar, sino de opinar con criterio, de tener una estrategia para tu ciudad, autonomía, para el estado, para el ámbito en el que políticamente te muevas. Nadar y guardar la ropa no es que sea difícil, es que es imposible, hacerlo en política además es un error que te puede lastrar al fondo. La ciudadanía quiere saber qué opinan sus políticos, quieren tener la guía de sus representantes, y los afiliados a las formaciones aun a mayores precisan conocer la postura de su formación ante un determinado problema, idea, proyecto, circunstancia…

      No estamos en los tiempos del carromato o del motorista para dar las noticias, ni siquiera en el tiempo de las radios o las televisiones, ahora estamos en los tiempos de internet, de las redes sociales de los smartphones, de la información no al minuto, sino al segundo. La ciudadanía está más informada que nunca, y se prevé que en un futuro próximo lo estemos aun en mayor medida. Es más, los ciudadanos muchas veces no sólo somos receptores de las noticias, sino prescriptores de la misma. Nos gusta, y necesitamos sentirnos informados, y es una epidemia que se extiende. Pocos son ya los que tienen miedo a las nuevas tecnologías, cada día (sin importar la edad) son más los usuarios de un blog, de Facebook, twitter, linkedyn, etc.

      Pensemos bien lo que decimos, pero digamos lo que pensamos. La política del siglo XXI debe ser más cercana que nunca al ciudadano, con las nuevas tecnologías se gana cercanía e inmediatez; por ello hoy como nunca debemos huir de la “equidistancia política” porque nos dejará en evidencia y nos hará perder el favor del ciudadano y acabaremos logrando que quien se vuelva equidistante de la política sea la ciudadanía con el riesgo para la democracia y para los partidos que ello tendrá.

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