EL RESPETO A LA CONSTITUCIÓN IMPIDE TANGAR LA DEMOCRACIA

Pablo_IglesiasNo es la primera vez que lo escribo, debe ser además en mi condición de jurista y por haberla jurado, pero me parece que la Constitución Española de 1978 no es un papel viejo arrugado por el paso del tiempo, o empapada de antigüedad, y si es a sensu contrario un documento vivo, un paraguas que nos acoge a todos y que nos resguarda del caos de vivir en un País “anormativizado” en el que cada cual campe a sus anchas con el triunfo del libertinaje frente a la libertad. Así el propio artículo 1, el que como precepto arranca con el texto, nos deja claros algunos principios: “España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político.” Ya en su apartado primero nos habla de VALORES tan vigentes en el año 1978 (cuando se aprobó) como en el año en que nos encontramos: libertad (no libertinaje), igualdad (que no igualitarismo), justicia y pluralismo político, y solidaridad entre los españoles que señala el artículo 2. La misma Carta Magna a continuación sentencia que  “La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado”. Somos todos y cada uno de los españoles los titulares de la soberanía nacional, cada uno de nosotros decide con nuestro voto, aunque personalmente creo que nuestra participación en los asuntos públicos no deben limitarse exclusivamente a votar cada 4 años y desentendernos porque corremos el peligro de ser engañados, por ello la participación tiene que ser (en la medida de nuestras posibilidades) lo más directa posible.

          Ahora algunos grupos de la izquierda de este país (no porque los etiquete yo, si no porque se definen ellos mismos así) y así lo afirmó el propio Pablo Iglesias en numerosas ocasiones, ha querido arrogarse el papel de “jefe de la oposición”, sin pasar siquiera por la “soberanía que nos corresponde”, por las urnas, en definitiva ha querido hurtarnos (robarnos como algunos refieren a cualquier forma de hurto) nuestro protagonismo democrático, o en lenguaje coloquial nos lo quiere “tangar”. No en mi nombre, y sé que tampoco en el de muchos otros.

             Es poco serio y hasta me atrevería a decir que resulta repugnante querer trasladar la soberanía del Parlamento Nacional a un teatro o un plató de Televisión y erigirse en el portavoz nacional por obra y gracia de una tuerka, o dos. Lo más preocupante es que ahora no trata ni de disimular. A nadie se le escapa que “el sistema” (como le llaman) tal y como lo entendemos no les gusta, que la Carta Magna tampoco y que la deriva que pudiese surgir en el caso de que lograsen el poder sería poco menos que de temblar. Lo peor es que ni lo ocultan: parece que pretendan cambiarnos el voto por un mando a distancia, traspasar la Soberanía Nacional del Parlamento a un plató, y que el jefe de la oposición o de gobierno no lo decidamos entre todos en las urnas, lo diga el ego de un señor al que últimamente las cosas le han ido bien. Este tipo de hacer anti política la ha vivido Europa con personajes destructivos. Hoy día estas formas  las vemos por ejemplo en regímenes como el venezolano en que bajo la apariencia de total democracia se esconde otro tipo de régimen, por eso quizás el Sr. Iglesias, en vez de cumplir con su deber como eurodiputado para lo que fue elegido, no acudió el otro día al debate sobre Venezuela al Parlamento Europeo y decidió hacerlo a un teatro, como decía Calderón “la vida es sueño y los sueños, sueños son”, pero ¿es “la vida puro teatro”?.

          Por ello es más importante que nunca el respeto a la Carta Magna y su cuidado, y que aquellos que la denuestan nos digan exactamente ¿qué, cómo, para qué, cuándo y dónde? quieren cambiarla. Y por cierto esos cambios se producen en votación en el Parlamento español, normativizadamente y no en la cabeza de alguno y menos en la charanga de la teatralidad.

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