¿Y SI EL PROBLEMA NO ES DEL AGUA, Y SI DEL VASO?

      Una expresión popular para calibrar el optimismo es decir aquello de “ver el vaso medio lleno, o medio vacio”. La política no iba a ser ajena a este proceso. ¿Problema? Pues lo que ha sucedido en estas elecciones, que muchos solo se fijan en el nivel del agua existente en los vasos para valorar su grado de optimismo, cuando lo que nadie hace es ver si le pasa algo al vaso.

      Pues en la democracia pasa algo similar, muchos dirigentes de los partidos se quedan en lo más obvio si el vaso tiene más o menos votos (agua) y no analizan la causa para que el nivel de esa agua sea mejor o peor. Solo analizando el recipiente se llegará a las conclusiones adecuadas sobre el resultado. Además en nuestro sistema existen vasos comunicantes, con lo que la pérdida de agua (votos) de algunos partidos va a otros con los que de algún modo se comunican. En otros casos el grifo se cierra y simplemente el agua no fluye. En todos los casos por lo general el problema es el vaso que tiene algún agujero por el que el agua se pierde: identificar el agujero y sobre todo el origen del mismo para detener en la medida de lo posible la salida de agua es fvaso_agujeroundamental para solventar el problema.

      Eso sí, si nos empeñamos en mirar solo el líquido elemento y su nivel, no veremos las fugas hasta que estas sean tan graves que quizá arreglar el vaso ya no tenga solución y tengamos que tirarlo y comprar otro. ¿Pobre vaso? Incautos aquellos que por conservar su status quo se obstinaron en decir: “todo está bien, hemos ganado y no hace falta autocrítica”, por lo general son los que dicen que el vaso está perfecto y lo que falla es el agua que llega al vaso.

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